miércoles, 30 de diciembre de 2009

Throw me tomorrow...

Escucho Thursday Child...se termina el año, la cabeza se lava, se llena de vuelta, las dudas carcomen, los miedos son monstruos inciertos. Pisan con patas peludas, llenas de retorcidos augurios, y fantasticos sueños.
Todo se termina, y vuelve a empezar. Así alguien lo ha querido. El ciclo eterno, el eterno volver e ir, el eterneo bicicleteo. Trickitrickitricki...
Oh, buenos días, tome esta cerveza, emborrachese. Nublese la mente, porque lo que viene...lo que viene, es simplemente inconcebible.
2010, ich bin was ich bin, und ich bin hier!

miércoles, 16 de diciembre de 2009

Deshecho

“Quizáslacomidaestápasadadecampoenlaesferadeloestelar, las escuchas intra uterinas son dirigadas en el único sentido posible..."

La mesa estaba cubierta por una gruesa capa de pintura sintética negra. El rostro se deshacía sobre toda su superficie, derritiendose en sudor y carne sobreacalorada.
Adentro, sólo se repetía la negación de los hechos. No era nada demasíado terrible, pero al igual que una mal diseñada torre de cartas, hacía sido lo suficiente turbulento como para hacerlo caer. Como para deshacerlo, y Deshecho, estaba tirado ahí, deshecho.
Estiró el brazo fuera de la mesa, pidiendo misericordia a alguien que no estaba ahí. Se la estaba pidiendo porque se deshacía.
-Escucheme, ¿usted realmente piensa que así va a lograr algo? Además, imaginese que viene acá y lo ve así, Deshecho, qué cree que haría, qué cree que pensaría.
-No lo sé, no lo sé
-Sí que lo sabe
-Sí lo sé. Claro que lo sé, pero vale más mi sinceridad que cualquier objeción femenina. Aún así, la estructura de mi deshacerme, el alma mater, es precisamente no poder decidirme entre ser lo que pienso que gusta, o darme este misero derecho a sufrir.
-El derecho lo tenés, pero estás deshecho.
Y seguía ahí Deshecho, en silencio. La cara contra la mesa y el brazo cayendose, llevandoselo hacia el piso.
-Sí, el derecho a sufrir lo tengo, es un privilegio, es mí privilegio. Aunque esté deshecho, prefiero aprender a no usarlo en exceso
-Entonces hacete el favor de darte cuenta de lo que estás haciendo, te estás deshaciendo.
El visitante se dio media vuelta y tomando el vaso de cerveza que quedaba sobre la mesa de Deshecho, se fué. Y el otro, también finalmente, se hundía bajo el parqué.

miércoles, 18 de noviembre de 2009

El 8vo Loco

Con algunas correcciones, un texto un poco viejo, de huele a gas...

Cierro la puerta mientras pienso en que esto de la escritura es muy prometedor. Como mal contador de chistes, me río unos minutos después de mi inocente ironía, y ya que estamos en tema, me río de toda mi inocencia. Espero quizás, otro llamado, y me siento sobre la cama a fumar. Miro los libros, pero no me apetece ni leerlos ya. Si alguien contase la cantidad de palabras que escribió la humanidad desde la creación del primer rustico alfabeto- rústico…el único rustico sos vos - y las convirtiese en balas, habría suficientes para exterminar a toda la humanidad actual y a varias próximas generaciones. Se me hace agua la boca de tan sólo pensarlo. Uno tras otro, uno tras otro, asesinados ni siquiera con un propósito de revolución, ni siquiera para llenar el sentido idiota de un chiste de mal gusto, así, tan sólo cayendo destripados por los proyectiles de plomo sin criterio discriminatorio. Tanto negros, como blancos, niños como viejos, mujeres como hombres, todos gritando en su idioma, llorando las canciones de sus pueblos, y la ametralladora impasible: TAK-TAK-TAK-TAK.

Suena el teléfono justo en el momento en el que dejé de esperar a la llamada. No soporto la interrupción y desconecto el teléfono. Vaya a saber uno la expresión de la cara del otro lado, al darse cuenta que con total impunidad lo pueden privar de sus ansias de comunicación. ¡Quien va a querer comunicarse con vos! Pienso a veces que la falta de dioses en este mundo hizo que la gente se sintiese más importante de lo que realmente es. Y de vuelta la ametralladora resonando en mi cabeza TAK-TAK-TAK. ¿Es que tiene un sentido todo esto, tiene un sentido superior al de morir acribillado lúdicamente en manos de algún demente? Cada vez que salgo a la calle, y veo los rostros compungidos y frustrados de la gente, desesperado me busco en alguna vidriera y veo la misma cara. Quebrantados por lo perverso de nuestro propio juego, ya nuestras carnes no valen ni dos centavos, no poseen la fuerza para la que supongo que debimos haber sido hechos. Y nos imagino entonces como esculturas hechas de carne por algún alemán enfermo de negar su pasado -lo que nos hace hombres a los hombres- y exhibidos para el bolsillo del afeminadoe impresionable burgués.

Adjetivo como autómata y vivo como mogólico.

El cansancio me corroe. Ya no conservo nada del buen humor con el que entré a casa, y la pieza es un desorden. Pateo algo en el suelo, miro los cigarrillos con hambre cerebral. Sólo soy un pelotudo, algo despreciable en el sistema productivo, sólo soy un forro que se sienta a escribir esto frente a la terrible maquina, enchufado por donde me vean y soñando con ser algún día algo del guerrero que algún antepasado mio fue. Puras palabrerías, obnubilaciones típicas de un carácter poético y argentino. Me acuerdo de Marechal y su proclama guerrera. Cuánta necesidad de sacarnos a las piñas de esta comodidad.

Miro mis nudillos, encallecidos por el entrenamiento y las paredes, y me pregunto para qué están así si no las uso. Entonces, golpeo el piso, y salgo a buscar mi destino fuera, donde el gas flagela.

sábado, 14 de noviembre de 2009

After Hours...

Otro amanecer más, al pedo. Demasiadas noches con el mismo resultado: producción textual nimia, de baja calidad, caprichosa, y hasta pretenciosa. No aparecen historias, sólo mi propia voz, repitiendo un loop en los recorridos mentales. Quisiera encontrar esa voz que no es mía, pero creo que estoy buscando en el lugar equivocado. Al final de la noche me vuelvo a encontrar borracho, confundido y vaciado emocionalmente. Con suerte, me llevo de botín una nota en los márgenes del libro, una hoja en word, miserable. Cuesta demasiado, y siempre me siento un novato.
Escribir es algo netamente masculino. Escribir es algo netamente masturbatorio.
Escribir es una mierda.


lunes, 2 de noviembre de 2009

Retrato de una mascara...

Sigo con la farsa por la unica razón de no admitirla como tal. Admitir que no creo en lo que estoy haciendo me obligaría a falsificar mi accionar, y si lo falsifico, entonces no sería el buen actor que vengo siendo para esta situación. Apreto la mandibula un poco más, me obligo a no pensar más allá de esta situación. Concentrarme en no desajustar los tornillos, mi moralidad no debe extenderse más allá de lo que corresponde a mis interlocutores, mi pasado no debe contener más que lo decoroso.
Pero para qué intentarlo...una vez más, me quedé callado, y se dieron cuenta de todo.

Du liebst mich denn ich lieb' dich nicht

Perdiendo el tiempo...

Perdiendo el tiempo, hablando con ustedes, a veces me abandonaría encantado, olvidandome todo lo que sé, si es que algo poseo realmente, para responderles las preguntas babeando.

jueves, 27 de agosto de 2009

Sin Titulo 1

Apaga el celular, después de leer su mensaje. “Cuando termine de rendir, te prometo que salimos”. Se ríe con una mueca demasiado oscura. Siempre lo mismo parece, la misma caida, pero por suerte, no el mismo estrellarse. La erosión nos hace efecto a todos, o al menos eso parece. Y menos mal.

¿Qué se supone que quiso decir con ese mensaje esquivo? Que la cosa va, que la cosa no va, que está ganando tiempo, que es la reina de la histeria y el inconformismo. No quiero decir que uno deba conformarse, pero llegado cierto punto, la cosa se pone...como decirlo, patologica.

Hacía bien en reirse, qué iba a hacer si no. Ponerse mal y andar escribiendo en las paredes su nombre como lo había echo ya tantas veces. Perdía sentido hasta en sus aristas más romanticas y autocompasivas. Se levanta y tira el objeto inerte que había quedado colgado en su mano. Traspasa la ropa de cama que estaba tirada en el piso, patea la botella de vino vacia, que con un musical recorrido se desagota de lo poco de vino avinagrado que aún contenía, y lo desparrama sobre el piso de madera, prometiendole convertirse en mancha perenne. Sus pasos pesados resuenan No había nadie en la casa, por ahora, así que con un inusitado sentimiento de libertad, se tira en el techo de la terraza.

Le cuesta mirar, no logra librarse de su mente así sin más, pero el cielo estaba tomando un color muy particular. Al menos todavía conservaba algo de su amor estético. No, no, algo estaba profundamente mal en el ritmo al que se estaba habituando. Qué clase de zanahoria corría, a dónde pensó que podía llegar. Un paneo general por los discursos de sus compañeros, de sus nuevos compañeros, le dejo un gusto a bilis intenso debajo de la lengua. Era un tunel negro, negrísimo, en el que se metía. Gran parte del tiempo uno evita las situaciones en las que la mente le juega trampas, y entonces así, vas tirando hasta la próxima parada. Lo cierto es que las trampas no son tales, sino más bien funcionan como defensas. Si algo en tu fuero interno no funciona, te das cuenta, el problema es si tenés tiempo para verlo.

-Pero hace mal no almorzar...

Pero qué pelotudéz, qué clase de consejo es ese! ¿Acaso no sé que no almorzar hace mal? ¿Acaso tengo pinta de pretender bajar de peso? Arruga el seño, entenebrece el talante, no responde y se va.

Siempre hay algo que no gusta, siempre hay algo que desagrada, y dentro de esos dos grupos suele estar lo que más te gusta. Es decir, el deseo quizás no sea más que opción difusa entre lo que podemos ver. En ese sentido, se vuelve todo demasiado relativo. A veces me cuesta entender qué hace que uno quiera algo. El capricho me suele sonar familiar, como una formula de expresión prefabricada que termina constituyendo la columna vertebral de nuestra rutina, de nuestras conversaciones, y a la larga, de nuestra esencia. Somos capricho sobre capricho, en donde todos jugamos al culo veo, culo quiero. La pregunta puede ser quien es el primero que ve el culo.

Culos, culos, todo se trata de culos en definitiva. La parte que se esconde suele ser la más deseada. Como el lado oscuro de la luna, pero de carne.

Siempre como un extranjero en donde estés, nunca te vas a sentir en casa, ni en tu propia casa. No es para minimizar el hecho de que si no se murió, tu familia se fue a vivir a otro lado, lejos tuyo. Y estás, en definitiva, solo como la concha de la lora.

Suspira pensativo, y vuelve a ver el cielo del que no sacó los ojos de encima. La noche está cayendo, y el verano prematuro está haciendo estragos en su conciencia. Se levanta. Casi no siente las piernas, pero no podría decir si están entumecidas o son el hastío tan profundo que lo mantiene en suspensión. Piensa que todo lo que está escrito es tan estupidamente crudo, que no tiene ningún valor. Lo mismo valdría haberle dedicado la tarde a masturbarse sin descanso hasta sacarse ampoyas.

Mira el piso del pasillo al que da la terraza, unos quince, veinte metros de profundidad. Se encapricha con eso.

Choricito

Acá va algo de lo que escribía cuando era pequeño. Evidentemente, algo pasó. Perdí el sentido del humor.
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Pobre pequeño Choricito, me imagino que algunas veces él también se debe sentir realmente solo. Pero supongo que no mucho más que yo. Él debe sentir mi soledad y es por eso que se mantiene junto a mí. Al menos eso creo.

Pobre pequeño Choricito, algunas veces me enternece tanto, tanto que siento una profunda angustia y me dan ganas de abrazarlo fuertemente y llorar.

Pobre pequeño Choricito, él que todas las noches se mantiene mordiendo frenéticamente las patas de mi cama mientras duermo.