miércoles, 18 de noviembre de 2009

El 8vo Loco

Con algunas correcciones, un texto un poco viejo, de huele a gas...

Cierro la puerta mientras pienso en que esto de la escritura es muy prometedor. Como mal contador de chistes, me río unos minutos después de mi inocente ironía, y ya que estamos en tema, me río de toda mi inocencia. Espero quizás, otro llamado, y me siento sobre la cama a fumar. Miro los libros, pero no me apetece ni leerlos ya. Si alguien contase la cantidad de palabras que escribió la humanidad desde la creación del primer rustico alfabeto- rústico…el único rustico sos vos - y las convirtiese en balas, habría suficientes para exterminar a toda la humanidad actual y a varias próximas generaciones. Se me hace agua la boca de tan sólo pensarlo. Uno tras otro, uno tras otro, asesinados ni siquiera con un propósito de revolución, ni siquiera para llenar el sentido idiota de un chiste de mal gusto, así, tan sólo cayendo destripados por los proyectiles de plomo sin criterio discriminatorio. Tanto negros, como blancos, niños como viejos, mujeres como hombres, todos gritando en su idioma, llorando las canciones de sus pueblos, y la ametralladora impasible: TAK-TAK-TAK-TAK.

Suena el teléfono justo en el momento en el que dejé de esperar a la llamada. No soporto la interrupción y desconecto el teléfono. Vaya a saber uno la expresión de la cara del otro lado, al darse cuenta que con total impunidad lo pueden privar de sus ansias de comunicación. ¡Quien va a querer comunicarse con vos! Pienso a veces que la falta de dioses en este mundo hizo que la gente se sintiese más importante de lo que realmente es. Y de vuelta la ametralladora resonando en mi cabeza TAK-TAK-TAK. ¿Es que tiene un sentido todo esto, tiene un sentido superior al de morir acribillado lúdicamente en manos de algún demente? Cada vez que salgo a la calle, y veo los rostros compungidos y frustrados de la gente, desesperado me busco en alguna vidriera y veo la misma cara. Quebrantados por lo perverso de nuestro propio juego, ya nuestras carnes no valen ni dos centavos, no poseen la fuerza para la que supongo que debimos haber sido hechos. Y nos imagino entonces como esculturas hechas de carne por algún alemán enfermo de negar su pasado -lo que nos hace hombres a los hombres- y exhibidos para el bolsillo del afeminadoe impresionable burgués.

Adjetivo como autómata y vivo como mogólico.

El cansancio me corroe. Ya no conservo nada del buen humor con el que entré a casa, y la pieza es un desorden. Pateo algo en el suelo, miro los cigarrillos con hambre cerebral. Sólo soy un pelotudo, algo despreciable en el sistema productivo, sólo soy un forro que se sienta a escribir esto frente a la terrible maquina, enchufado por donde me vean y soñando con ser algún día algo del guerrero que algún antepasado mio fue. Puras palabrerías, obnubilaciones típicas de un carácter poético y argentino. Me acuerdo de Marechal y su proclama guerrera. Cuánta necesidad de sacarnos a las piñas de esta comodidad.

Miro mis nudillos, encallecidos por el entrenamiento y las paredes, y me pregunto para qué están así si no las uso. Entonces, golpeo el piso, y salgo a buscar mi destino fuera, donde el gas flagela.

sábado, 14 de noviembre de 2009

After Hours...

Otro amanecer más, al pedo. Demasiadas noches con el mismo resultado: producción textual nimia, de baja calidad, caprichosa, y hasta pretenciosa. No aparecen historias, sólo mi propia voz, repitiendo un loop en los recorridos mentales. Quisiera encontrar esa voz que no es mía, pero creo que estoy buscando en el lugar equivocado. Al final de la noche me vuelvo a encontrar borracho, confundido y vaciado emocionalmente. Con suerte, me llevo de botín una nota en los márgenes del libro, una hoja en word, miserable. Cuesta demasiado, y siempre me siento un novato.
Escribir es algo netamente masculino. Escribir es algo netamente masturbatorio.
Escribir es una mierda.


lunes, 2 de noviembre de 2009

Retrato de una mascara...

Sigo con la farsa por la unica razón de no admitirla como tal. Admitir que no creo en lo que estoy haciendo me obligaría a falsificar mi accionar, y si lo falsifico, entonces no sería el buen actor que vengo siendo para esta situación. Apreto la mandibula un poco más, me obligo a no pensar más allá de esta situación. Concentrarme en no desajustar los tornillos, mi moralidad no debe extenderse más allá de lo que corresponde a mis interlocutores, mi pasado no debe contener más que lo decoroso.
Pero para qué intentarlo...una vez más, me quedé callado, y se dieron cuenta de todo.

Du liebst mich denn ich lieb' dich nicht

Perdiendo el tiempo...

Perdiendo el tiempo, hablando con ustedes, a veces me abandonaría encantado, olvidandome todo lo que sé, si es que algo poseo realmente, para responderles las preguntas babeando.